Capítulo 5: Mientras yo esperaba… yo crecía

Él estuvo en mi vida cuatro años antes de que nos casáramos. Fue mi primer refugio después del caos. Me trataba bien, me hacía reír. Después del abuso, su presencia era como un bálsamo, como un lugar seguro donde por fin podía respirar.

Pensé que estaba enamorada, y pensé que eso era la vida — siguiendo una rutina y avanzando día a día.

Cuando mis padres propusieron el matrimonio, yo ya estaba cansada. De luchar, de dudar, de sobrevivir. Pensé: “Tal vez esto es lo que me toca. Alguien que no me haga daño ya es una bendición.”

Así acepté. Me casé por alivio.

Los primeros años fueron lo que yo consideraba felicidad, Un hombre bueno, me hacia sentir bien Y pronto, una hija.

Y entonces… ella llegó.
Mi hija. Mi mundo.
Lo más hermoso que me ha pasado.
La única certeza en medio de mis dudas.
Su llegada me transformó de una forma que no sabía posible.
Ella me miraba como si yo fuera su universo.
Y yo trataba de parecerlo.
Pero por dentro… no sabía quién era.

Yo tenía sueños. Muchos.
Pero no sabía cómo hacerlos realidad sin romper todo lo que me sostenía.
Mi rutina era trabajar.
Trabajar para que nada faltara.
Trabajar para no pensar.
Trabajar para darle todo a ella.

Y en medio de esa rutina…
algo dentro de mí empezó a moverse.
No era rebeldía.
Era despertar.

No lo entendía, pero lo sentía.
Una incomodidad. Una voz bajita. Una necesidad de más.

No lo sabía entonces…
pero en la espera,
en el silencio,
yo estaba creciendo.

Muy lento. Muy callado. Muy profundo.

Y esa semilla que se sembró entre jornadas largas, abrazos de madre y noches silenciosas,
iba a florecer un día.

Porque la mujer que se había silenciado para sobrevivir,
ya no quería sobrevivir más…
quería vivir.

Y entre tanto silencio, empecé a escucharme… por primera vez. 🦋✨

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