Capítulo 8: La noche que Tao me acompañó
La puerta se cerró.
Y por un instante, el silencio pareció más fuerte que nunca.
No era solo la ausencia de su voz, de sus pasos, de su presencia.
Era el eco de todo lo que alguna vez fuimos,
desapareciendo sin hacer ruido.
Esa noche no dormí.
No porque dudara.
No porque me arrepintiera.
Sino porque el silencio era tan nuevo,
tan absoluto,
que me dolía hasta en los huesos.
Lía dormía tranquila, abrazada a su peluche favorito.
No sabía que su papá ya no iba a dormir más allí.
O quizás sí lo sabía…
los niños a veces sienten sin que nadie les diga nada.
Y aunque quise protegerla de todo,
esa noche entendí que no podía cargar con culpas que no me pertenecían.
Los hijos no tienen la culpa de las decisiones de los padres.
Tampoco deben cargar con matrimonios rotos solo por miedo a vernos caer.
Elegí mostrarle a mi hija que el amor propio también es un acto de amor hacia ella.
Que una mamá que se elige, le enseña a su hija a no quedarse donde ya no se siente vista.
Esa noche, mientras caminaba en la oscuridad del pasillo,
sentí que alguien me seguía.
Era él.
Tao.
Mi perro.
Mi compañero silencioso, leal.
El único que no necesitaba palabras para entenderme.
Se subió a la cama sin que yo lo llamara.
Se acostó sobre mis piernas y me miró con esos ojos que saben todo sin decir nada.
Y fue en ese momento, en ese abrazo peludo y cálido,
que me permití llorar.
No lloré por falta de amor.
Lloré por la costumbre rota.
Por la rutina que ya no iba a ser.
Por la adoración que sabía que sería difícil soltar,
aunque ya no me hacía bien.
No fue un llanto de debilidad.
Fue un llanto de cierre.
De duelo.
De entendimiento profundo:
que se puede amar a alguien con el alma
y aún así, tener que dejarlo ir.
Tao no se movió.
Se quedó allí, firme.
Como diciendo:
“Estoy aquí. No estás sola.”
Y no, no lo estaba.
Aunque el corazón temblara,
esa noche empecé a entender que la soledad no siempre es castigo.
A veces, es el primer paso hacia la libertad.
El primer paso hacia mí.
⸻
A veces, después de cerrar una puerta, lo que más duele no es lo que perdimos…
sino lo que ya no va a volver a ser.
Pero incluso ahí, en medio de la noche más larga,
la vida siempre te pone al lado algo o alguien que te recuerda que no estás sola.❤️🐶
¿Quién o qué te sostuvo en tu primer momento de soledad?

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