De la ausencia a mi voz 🦋

Con Gabriel todo llegó a su final. No porque dejara de sentir, sino porque entendí que ya no podía seguir sosteniendo un amor que me partía en pedazos. Su ausencia, la distancia, los aeropuertos y, finalmente, su matrimonio… todo fue señal suficiente de que no había lugar para mí en esa historia.

Y entonces pasó lo más importante: decidí soltar.
Decidí dejar esa etapa que me mantenía atrapada en ilusiones y mitades. Fue doloroso, sí. Sentí que me arrancaba de raíz una parte de mi vida. Pero también descubrí que cada final guarda un regalo: el espacio vacío para empezar de nuevo.

No fue fácil. El silencio después de él pesaba más que su ausencia. Los días se hicieron eternos, las noches me recordaban que ya no había mensajes ni vuelos que esperar. Pero en medio de esa soledad empecé a escucharme. A reconocer cuánto me había apagado, cuánto había cedido, cuánto me había olvidado de mí.

Fue entonces cuando decidí dedicarme a mí.
Me entregué a mi cuerpo, a mi mente, a mis emociones. Me regalé tiempo, cuidados y disciplina. Y un día, casi sin darme cuenta, me senté a escribir. Primero fueron pensamientos sueltos, luego recuerdos, hasta que entendí que tenía una historia que merecía ser contada.

De ese proceso nació mi blog.
Un espacio donde transformé el dolor en palabras, el silencio en voz, y mi ausencia en presencia.

Dejarlo no fue perder: fue encontrarme.
Y si hoy alguien me lee desde el mismo lugar donde yo estuve, solo quiero decirle: no tengas miedo de soltar. Porque en ese vacío que asusta, es donde de verdad comienza tu libertad.

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